Muchas veces comparamos la vida con muchas cosas, por ejemplo, la vida es como un camino, la vida es como una escalera,… pues bien, yo opino que la vida es como ir por una carretera y vivir es como conducir, si no has leído mal, como conducir, y me explico. Vivir, al igual que conducir, es un proceso que vamos aprendiendo con la práctica.
Salimos a la carretera, y ¿qué encontramos? Otros conductores, que al igual que nosotros, necesitamos salir a la carretera y conocer a otros para establecer una relación con ellos, ya que si andamos solos por la carretera, todo sería muy monótono.
Avanzando por la carretera, se nos presentan los semáforos en rojo, que nos impiden continuar, aunque sea momentáneamente, y tenemos que parar ante ellos. Bien, esto lo podemos relacionar con pequeños percances de la vida que, aunque duren poco, nos paran en la vida. Pero, si existe la luz roja, también existe la verde. El cambio de una luz a otra nos permite seguir avanzando en el camino. Esto es, una mano amiga que nos ayude a levantarnos cuando caemos o un consejo dado y tomado a tiempo, cuando el mundo entero parece abandonarnos.
Yendo por la carretera, nos encontramos las glorietas, dentro de las cuales tenemos muchas opciones, muchos caminos por los cuales podemos ir. Estas, sin embargo, también pueden dar un cambio de sentido a nuestro camino y volver a andar por el mismo camino por el que hemos venido. Algunos continúan por los diversos caminos, quieren descubrir caminos y lugares nuevos, sin embargo, hay otros que vuelven al punto del que vienen o, simplemente, siguen dando vueltas. Son personas que no se atreven a vivir nuevas experiencias, ni a desviar su trayectoria.
Otro punto dentro de la carretera son los cruces, punto en el que las trayectorias de varios conductores se cruzan. Este es el momento en el que conocemos a otros conductores, a nuestros amigos, con los cuales compartimos trayectoria en la vida.
Pero, a veces, los carriles de dividen y nuestros caminos se separan, mas no los olvidamos, porque aunque no vayamos por el mismo camino, siguen en la carretera junto a nosotros.
En la carretera, al igual que en la vida, existe una serie de normas, que no establecen prioridad de uno frente a otros, solo establecen un orden, de forma que podamos circular de forma ordenada, respetando al resto de conductores.
Ahora nos adentramos en el coche. Nosotros somos quienes hacemos que este camine y nos podamos desplazar a lo largo de la carretera. Somos nosotros quienes decidimos por dónde avanzar y cómo hacerlo. Sólo nosotros tenemos el poder para decidir qué hacemos, cómo lo hacemos y hacia donde vamos. Para conducir, en el vehículo existen tres pedales, el embrague, el freno y el acelerador. Si no sujetamos bien el embrague o lo soltamos de golpe después de haberlo pisado, el coche nos da tirones. Bien, para superar cada uno de los momentos difíciles, debemos aguantar, aunque, a veces, nos cueste. Al igual, nunca debemos desistir en nuestra lucha por conseguir lo que nos proponemos. Esto poco a poco, lo vamos aprendiendo a lo largo de la vida, al igual que a aguantar el embrague para que no nos dé tirones. Ahora vamos con el acelerador y el freno. Según la circunstancia, usamos uno u otro, ¿a que si?
Cuando queremos avanzar, pisamos el acelerador. También lo hacemos cuando, al incorporarnos a la autopista, tenemos que adaptarnos a la velocidad de los otros vehículos. En la vida, aceleramos cuando queremos avanzar, conseguir llegar a la meta, conseguir aquello que nos proponemos conseguir. Además, aceleramos para adaptarnos a la vida de aquellos con los que compartimos camino, nuestros amigos a cuya personalidad y carácter nos adaptamos y los cuales aceptamos. Y, al igual que nosotros nos adaptamos a ellos, también ellos se adaptan a nosotros.
También, hay conductores que aceleran porque quieren ir mas rápido que nosotros, conductores que, incluso, llegan a adelantarnos, pensando que llegarán más lejos que los demás o que conseguirán más méritos al llegar, cuando, seguramente, llegaremos al mismo sitio. No piensan que el mérito al final, quizás sea para aquellos que lo hayan logrado despacio y con esfuerzo, conduciendo bien y respetando al resto de conductores. De eso se trata, de vivir basándonos en el respeto a los demás y esforzándonos por conseguir nuestras metas.
Cuando advertimos un peligro, o no queremos avanzar muy rápido, entonces, utilizamos el freno. Solemos frenar cuando nos sentimos inseguros ante una determinada situación o cuando vemos que esa situación nos puede perjudicar. Mas, muchas veces, nos quedamos parados por temor a avanzar en nuestra vida o, simplemente, porque no queremos cruzar nuestra trayectoria con la de otros conductores, por el simple hecho de pensar que tienen prioridad sobre nosotros cuando, en realidad, no es así.
En definitiva, a vivir, al igual que conducir, nunca se termina de aprender ya que, en ambas situaciones, las circunstancias son muy variables y cambiantes.
Que el miedo no sea un obstáculo para conducir en la carretera de la vida.
Mira, piensa y actúa.
Acelera, pero dentro de los límites permitidos.
No pises el freno por temor a avanzar, ¡hazlo sólo cuando sea necesario!
Un buen estreno para un excelente blog. ;D Guapita
ResponderEliminarMuchas gracias de verdad. Gracias a tí, este blog existe y he podido seguir escribiendo ;)
ResponderEliminar