Sí, la alegría de las pequeñas cosas, esos gestos cotidianos que tenemos con personas de nuestro alrededor. No son grandes, es más, muchas personas ni se dan cuenta, pero están ahí. Mucha gente espera cosas grandes, grandes regalos, a menudo cosas materiales, de valor económico, pero no me refiero a eso. Me refiero a tener muestras de afecto y gratitud hacia las personas a quienes queremos: un dar las gracias, un abrazo, un “hola, ¿cómo estás?”, gestos de preocupación por los demás, de que realmente nos importan, y que no esperamos más de ellos que exactamente lo mismo que le damos y no ven, aunque lo tengan delante de sus narices.
Generalmente, siempre queremos tener más, y olvidamos lo que tenemos pero, sobre todo, a quienes tenemos, y puede que lo hagamos porque creemos tener la certeza de que siempre estarán ahí, cuando realmente, a quien tenemos, necesitan atención y que nos preocupemos por ellas. Las relaciones personales no se mantienen únicamente pensando que siempre estarán ahí, hay que cuidarlas y mimarlas, como decía anteriormente, a través de pequeños detalles del día a día. Cada persona que tenemos a nuestro alrededor es única, al igual que nosotros mismos también lo somos.
Las cosas materiales, el dinero y todas lo demás, son pasajeros. Sin embargo, que importante es tener alguien que siempre nos acompañe, que nos escuchen cuando lo necesitamos, que camine por la vida a nuestro lado. Aprécialo ahora.
¿De qué vale una vida de tener miles de cosas si no tenemos a nadie en quien apoyarnos en momentos difíciles o simplemente vivir buenos ratos? ¿Acaso alguna de esas cosas materiales va a hacerte compañía o a ofrecerte una sonrisa?
Cuida a las personas que están a tu alrededor, porque son grandes, únicas y valiosas y porque si valoras otras cosas sobre ellas, se irán y acabarás sin nadie. Valóralo y piénsalo.
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