Personalmente, siempre me ha pasado que cuando estoy pasando malos días o malas épocas, me cuesta mucho expresar todo lo que siento, tengo que darle muchas vueltas para poder decirlo de manera que se entienda, cuando a veces, en mi cabeza solo hay un conjunto de pensamientos dando vueltas y vueltas.
Si es que llego a expresarlo (me cuesta mucho, pero ya estoy trabajando en ello), intento tenerlo lo más claro posible para que la persona que me está escuchando lo pueda llegar a entender.
El otro día, después de mucho tiempo sintiéndome desganada, desmotivada y después de darle muchísimas vueltas en mi cabeza, decidí compartirlo, y la sensación fue increíble, porque cuando exteriorizas tus pensamientos, sentimientos o emociones, sientes un gran alivio, y algo más que a mí me ocurrió fue que, una vez fuera de mi cabeza esos pensamientos, ves la situación desde otra perspectiva, de manera más objetiva, entonces cambia la forma de verlo, ya que muchas veces yo suelo darle mil vueltas a todo a ver si lo puedo solucionar, exigiéndome resolverlo lo antes posible, generándome aún más malestar.
La sensación fue que realmente toda esa mezcla de pensamientos que tenía era mayor en mi cabeza que cuando lo logré expresar y, por otra parte, pude ver la situación desde otra perspectiva y así realmente pude pensar en qué podía hacer o entender por qué me sentía así.
El aprendizaje que me llevo de todo esto es que tengo que permitirme sentirme mal algunos días, que no puedo resolverlo todo yo sola, y que muchas veces tengo que exteriorizar lo que siento para ver las cosas desde fuera, de manera objetiva para poder darle una solución o para entender el por qué de lo que me pasa.
Si es que llego a expresarlo (me cuesta mucho, pero ya estoy trabajando en ello), intento tenerlo lo más claro posible para que la persona que me está escuchando lo pueda llegar a entender.
El otro día, después de mucho tiempo sintiéndome desganada, desmotivada y después de darle muchísimas vueltas en mi cabeza, decidí compartirlo, y la sensación fue increíble, porque cuando exteriorizas tus pensamientos, sentimientos o emociones, sientes un gran alivio, y algo más que a mí me ocurrió fue que, una vez fuera de mi cabeza esos pensamientos, ves la situación desde otra perspectiva, de manera más objetiva, entonces cambia la forma de verlo, ya que muchas veces yo suelo darle mil vueltas a todo a ver si lo puedo solucionar, exigiéndome resolverlo lo antes posible, generándome aún más malestar.
La sensación fue que realmente toda esa mezcla de pensamientos que tenía era mayor en mi cabeza que cuando lo logré expresar y, por otra parte, pude ver la situación desde otra perspectiva y así realmente pude pensar en qué podía hacer o entender por qué me sentía así.
El aprendizaje que me llevo de todo esto es que tengo que permitirme sentirme mal algunos días, que no puedo resolverlo todo yo sola, y que muchas veces tengo que exteriorizar lo que siento para ver las cosas desde fuera, de manera objetiva para poder darle una solución o para entender el por qué de lo que me pasa.
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