Ella decía que nadie la quería,
que sin amor no viviría,
pero se fue acostumbrando
a la soledad que inundaba sus días.
Un día, uno de sus sueños se cumplió,
y a alguien especial encontró.
Buenos momentos vivió
y hasta su alma le entregó.
Pero, así como él llegó,
la vida de sus brazos se lo arrancó,
y fue tal la tristeza que la llenó,
que su corazón en mil pedazos se rompió.
Ella dijo que sola no seguiría,
que vivir sin él ya no podría.
Juró que para siempre lo amaría
y que a nadie más se uniría.
Muchas lunas pasaron,
estrellas en el cielo brillaron,
y puestas de sol recordaron
a ella su dulce amor.
Recuerdos en su alma revivió,
sentimientos pasados de nuevo experimentó,
pues a él jamás olvidó,
ni por otra persona lo sustituyó.
Pero la soledad para siempre la siguió,
su vida un tormento se volvió.
Y, al cabo de poco tiempo,
su corazón junto a él se marchó.
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