La noche se cierne sobre una tenue sombra que, desgarrada por el brillo de una pequeña estrella, empuja a la luz a un inmenso abismo.
La luna brilla entre las suaves nubes que cubren el cielo, mientras que la brisa besa las palmeras y árboles del parque.
Dos amantes enamorados contemplan la belleza del tibio reflejo de una luz que aparece en la inmensidad del universo.
Las olas del mar abrazan la playa, vienen y van.
A lo lejos se contempla un horizonte abrasado por los últimos rayos del sol.
El fluir de un manantial entre las gélidas rocas de la montaña se escucha, cuan lágrima al recorrer el corazón de una muchacha triste.
Una mano que acaricia una delicada flor que nació en la orilla de un camino abandonado.
Y todo pasa… el tiempo nos mira, pero no nos espera.
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